Sangre de Inocentes


“Las calles lloran con la sangre de inocentes”, se dijo mi madre. Era una frase favorita de ella por toda mi vida. Y aun hoy, todavía no puedo olvidarlo. Especialmente con lo que pasaron el otro día. Estaba caminando a mi casa cuando en la esquina de mi ojo, vi un espectro… o al menos algo que pensé fue un espectro. Cuando traté a mirarlo directamente, se desapareció. Entonces, decidí a continuar caminando por las calles, y con cada paso, esperando que el espectro no vuelva.

Los minutos pasaron, más cerca y más cerca a la hora de la bruja. Y todavía, no estaba en mi casa. Mi madre me advirtió sobre esta situación exacta, pero, pareció que no importaba que rápido caminé, la calle pareció extender. Más y más largo se creció. ¿Y yo? Yo estaba mirando al suelo, esperando que ningún espectro me vio caminando. De repente, enfrente de mí, un figuro apareció como un gigante en el bosque. Cómo rápido que apareció, cómo rápido que desapareció. Se desapareció tan rápido que por unos minutos no estaba seguro de que existió en realidad.

            Eventualmente, con un paso enfrente del otro, llegué enfrente de mi casa. Al entrando, vi que mi casa no fue como antes. El cuarto estaba definitivamente diferente. Las sillas han movido. El cuarto apareció en una forma diferente como antes. Pero, a pesar de los cambios, continué con mi noche.

            Dormí. Dormí bien.  Dormí como si no tuve preocupaciones sobre que estaba pasando. Pero, mis sueños no me dejaron olvidar de ese espectro de la calle. Miré fijamente al espectro y no pude identificarlo. ¿Era alguien conocí? ¿un extranjero? No sabía la respuestas a estas preguntas, y no importaba, el espectro me engolfaron. Cuando todo se convirtió en oscuridad, me desperté a ver el interior de mi cuarto. Al tiempo, pensé que era no más de una pesadilla.

Al salir de mi cuarto, estaba mirando directamente a la cara del espectro. La cosa que me ha plagado por unos días. Y, de repente, entendí la razón que no lo reconocí. El espectro no fue una cosa singular. Fue una mezcla de muchas cosas: los pecados del gobierno, los abandonados, gente que sólo quería sobrevivir. Los olvidados, los abatidos, o, en otras palabras, los inocentes. Y finalmente, ahora, entendí que yo, también, fue uno de ellos.

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